28/07/11

LOS ANCIANOS ESPAÑOLES DE CUBA


La presencia española ha experimentado un descenso muy importante. En Cuba, la colonia española censada en 1970 apenas presentaba cambios en su volumen con respecto a 1954. Los españoles eran la mitad de los extranjeros y uno de cada 100 habitantes del país. La población española tiende a la concentración, siendo en este caso La Habana el lugar preferido para establecerse.
Hoy en día es muy diferente no ha habido un flujo moderno los españoles que se casan con cubanos la mayoría se van a vivir a la madre patria, los españoles que radican en Cuba aunque han dejado una extensa descendencia la mayoria ha fallecido, por eso son muy importantes estos interesantes testimonios e historias de estos abuelos españoles que aun viven en Cuba, sus increíbles y diferentes historias de como y cuando dejaron su tierra natal  nos conmueven, y sobre todo como nunca olvidaron su tierra natal aunque nunca volvieron durante muchisimos años.



Antonio López Izquierdo
Canarias (98 años)

Me llaman el muerto vivo. Fallecí cuando tenía cuatro meses, pero momentos antes de enterrarme viré la cabeza y abrí los ojos. Me sacaron de la caja ante el asombro de parientes y amigos. Quizá por eso me siento especial, soy especial. Nunca tuve gripe ni resfriado, mis manos jamás en la vida han temblado, para mí no ha nacido enfermedad.
Nací en 1899 en Canarias, para más datos en Santa Cruz de Tenerife. En Canarias yo era luchador, me refiero a que era un profesional de la lucha libre. Qué dos palabras, lucha y libre.
Vengo de un pueblo parecido a Cuba, campesino, en donde se vivía de lo que se trabajaba. Hoy sé que todo ha cambiado en mi pueblo, la vida, las cosas, las costumbres... Todo es tan moderno en esta vida, hasta la humanidad lo es.
Tenía 22 años cuando viajé a Cuba a ver a mis abuelos, el viaje duró 17 días. Recuerdo que en el muelle había mucha gente. Vine para dos años, pasó el tercero y aquí sigo. Intenté casarme por poderes con mi novia canaria, como se casaba la gente de entonces, pero me dio calabazas y acabé casado con una prima cubana, hija de españoles. He caminado por dos mundos, han sido mis circunstancias, y aconsejo a todos que andan así que cuando tropiecen con gente mala se aparten porque les llevarán al abismo. Paso los días pensando, jugueteando con esta pipa casi tan vieja como yo y hablando con la palma, porque la palma escucha pero no dice...



Andrés Reguera Franco
León (89 años)

Mi padre luchó en la guerra y la perdió. No quería el mismo destino para mí, y prefirió mandarme al mundo. Como en España no te dejaban salir después de los 12 años, ya que entrabas en edad militar, mi padre me encomendó a un amigo que se iba a La Habana. Allí había mandado a mi hermano antes. Llegué en 1922 a bordo del Bremen, tenía 14 años, era de noche. ¡Qué linda, la entrada en La Habana!
Mis primeros días los pasé en Triscornia hasta que mi hermano arregló mis papeles. En León yo era guardador de ovejas y no me gustaba porque me salía el lobo y me comía la oveja, una vez me fajé con uno y le eché a pedradas... Lo peor fue dejar a mi madre, ¡tan grande como era esa viejita! Lo único que supera a una madre es Dios.
Los primeros años los pasé de allá para acá y en tres años junté dinero para montar con un amigo, Arturo, una carnicería, y por cierto, muy buena.
Este país es maravilloso, siempre lo he pasado bien. De joven iba a los bailes de las sociedades españolas. Siempre he sido bohemio, alegre y cantante, me gustaba disfrazarme en los carnavales ¡qué carnavales había en La Habana!
He vuelto cuatro veces a España, alguna vez he pensado en quedarme, pero al final he regresado a Cuba, me siento igual de español que cubano.
Nunca me casé, yo por lo libre, prefiero la mujer española porque es más profunda, la cubana es más ligera, aunque también me gusta. Cuando envejecí, me encontré solo y aburrido y la vida se me hacía triste, por eso ingresé en el asilo, ya hace siete años y estoy encantado y feliz. Tengo una pensión del Estado cubano, y conozco a Fidel, un día me abrazó.


María Begoña Uriondo Mendiola
País Vasco (74 años)

Mi madre tenía un hermano en La Habana, en el futuro, y un día el resto de la familia le seguimos. Nací el 19 de noviembre de 1923 en Marquina, un pueblo próximo a la costa en donde mi familia vivía del mar. Cambiamos el Cantábrico por el Caribe y la pesca por la tienda de cuadros y artículos de pintura que tenía mi tío en La Habana, La Venecia. Lo que yo más recordaba de España era a mi amiga Antonia, pero poco a poco mi vida volvió a la normalidad, tuve un hermano y empecé a trabajar en el negocio familiar. Éramos socios de la Asociación Vasco-Navarra de Beneficencia, manteníamos vivas nuestras tradiciones, celebrábamos Nuestra Señora de Begoña los 15 de agosto. Recuerdo que mi padre, como buen vasco, preparaba el bacalao a la vizcaína los días de fiesta.
Ahora soy la presidenta de la Asociación Vasco-Navarra, y hago todo lo posible para mantenerla en pie, se lo merecen los pocos emigrantes vascos y sus muchos descendientes que aún integran nuestra sociedad, aunque la sede está en unas condiciones deplorables.
Nunca he regresado a España, pero ahora sé que iré pronto, aunque he mantenido un vínculo con mi tierra. Mi tío Fiel, al que llamamos así porque nunca ha dejado de escribir, siempre nos tuvo al corriente de las cosas del pueblo, nada me pillará de sorpresa. Deseo volver a esa tierra y ese mar.
Cuando pongo en la balanza a España y a Cuba se queda quieta.


Augusto Garrote
Galicia (91 años)


Nadie sabe su destino. No sé si la vida ya está hecha o se hace poco a poco, pero mi destino estaba aquí. Aunque mi sangre es española yo soy más cubano que español, llevo en esta isla desde los 19 años. Aun así no he renunciado a la bandera donde nací y recuerdo mi tierra natal. Dejé mi familia, un caballo muy lindo, mi escopeta y mi acordeón. Trabajaba en el campo e iba de fiesta. De allí me traje la honradez que mis padres me enseñaron.
Llegué a Cuba en 1925, a bordo del Infanta Isabel. Era un barco de carga y emigrantes que nos dejó en una Habana llena de futuro. Siempre me acordaré de la muralla, era grandiosa. Los españoles dejaron la gloria aquí.
Vine para trabajar con mis tíos y no tuve que empezar la lucha solo como tantos otros. Tenían una bodega, eran buenos comerciantes y les iba bien. A mí también. Con honradez y responsabilidad a nadie le falta el trabajo.
A veces fantaseo con volver, incluso ahora gracias a los viajes que el Gobierno español facilita a los emigrantes ancianos sería hasta posible, ¿pero qué voy a hacer yo en España? Mis primos se han hecho ricos sin salir de allí y yo iría con las manos vacías, sin llevar nada, sin dólares. Para cuatro días que me quedan de vida no merece la pena.
Mi vida transcurre tranquila en este asilo. Dedico las horas a pensar y a trabajar en la artesanía, pero veo muy mal. Las gafas que uso no eran para mí, aunque ayudan un poco.

Constantino A. Raimundo Monroy
Canarias (106 años)

Llegué a Cuba en 1912. Soy carpintero. Me fui de casa sin despedirme, no tenía valor. Me arrepentí nada más llegar, lloraba cuando recibía cartas de mi madre, la decepción de verme solo. Cuando mis padres murieron, yo no quise su herencia, si yo no pude echar el último puñado de tierra a sus tumbas, no tenía derecho a la herencia. Fui yo quien se escapó de casa en un ataque de locura juvenil. Fue por culpa de los amigos que yo emigré a Cuba, ellos me embaucaron. Cuando llegué desaparecieron, me dejaron solo. ¡Menos mal que en Matanzas tenía un hermano que vino a buscarme! Me fui con él, la soledad de allí no me gustó, regresé a La Habana, estuve 18 meses trabajando en vaquerías. Se trabajaba mucho y se ganaba poco. Ni paseaba, sólo trabajaba. Cuando ahorré para comprarme las herramientas de carpintero, volví al campo. Allí, en Matanzas, conocí a mis dos mujeres, eso es lo que más me gusta de Cuba, las mujeres. Me hice cubano por la Ley de los años 30 para trabajar, pero me siento español, cubano me hice a la fuerza.
De mi tierra recuerdo los carnavales, las diversiones y que allí se come tres veces al día y además se desayuna. Me acuerdo de una novia. Le escribí pero no me contestó. A veces sueño que me casé con ella y vivimos en Canarias; es mi delirio volver a la patria.
La Asociación Canaria es una cosa que viene del cielo. Allí me siento como en mi casa, entre españoles.
Me sirve de un consuelo muy grande cuando me siento solo, pensar en mi país. Yo quiero volver, pero como soy tan viejo, me dicen que me puedo morir y digo yo: "¿Y qué mejor que morir allí donde nací?".


José Suarez Grande
Asturias (80 años)

Salí de mi casa a las tres de la mañana para que la noche no me dejara ver lo que dejaba atrás. Nací en 1917. La culpa de mi emigración no la tuvo el hambre, la política o el afán de aventura, sino Marruecos. Rondaba la edad militar, y mi madre decidió que a Cuba o a luchar "pues a Cuba". "Adiós mi hijo, que ya nunca te volveré a ver", recuerdo que me dijo.
Fui el último en subir al barco en Gijón y aunque me arrepentí nada más llegar al camarote, el barco ya había zarpado. Me quedaba una esperanza: una escala en La Coruña. Pero por culpa de un temporal, el barco no atracó. El mar decidió mi destino y eso que yo era un hombre de monte adentro.
Mis hermanos me esperaban en La Habana. Ellos también vinieron por lo de Marruecos y ya se habían abierto camino. Al principio, la vida la pasaba en la bodega donde trabajaba, ahí almorzaba, comía y dormía. De allí me fui a Santa Clara y de allí, una prestigiosa empresa me llevó a Camagüey y después a La Habana.
La que ahora es mi esposa vino de visita a la isla desde Galicia, cuando me conoció más nunca se quiso marchar, en Cuba nacieron mi hija y mis dos nietos. Me siento asturiano, y de Asturias conservo el acento y la costumbre de comer fabada cuando consigo las fabes.
En 1993, volví después de 64 años, y cuando vi mi casa abandonada y en ruinas me hubiera gustado que otra vez fueran las tres de la mañana.


Amelia Rivera Camderich
Barcelona (84 años)

Llegué a Cuba para cumplir los 15 años. Mi padre acababa de fallecer y mis tíos -que vivían aquí- me trajeron para que olvidara la pérdida. Pensaba quedarme dos años, pero mi tía enfermó y el destino hizo que me quedara para siempre. Mi adaptación fue fácil, La Habana era una ciudad animada y llena de vida; salíamos a bailar, éramos socios del Club de Golf del Country; allí venían desde Inglaterra a jugar al golf.
Viví en Oriente una temporada por el trabajo de mi primer marido. Cuando murió pensé volver a España y puse todas mis propiedades a la venta, como no las vendí tuve que prolongar mi estancia en Cuba. Gracias a eso conocí a mi segundo marido. Durante esta época, me llegó un dinero de España, y abrí una tienda de modas estilo francés, monísima. Me fue muy bien.
Cuando murió mi marido me embriagó la tristeza y otra vez pensé en regresar. Lo hablé con mi fiel Julia, la criada, y le propuse el viaje, ella no quiso dejar su país por lo que otra vez las circunstancias me mantuvieron aquí. Siempre me he sentido española.


Esteban Oriol Turró
Cataluña (89 años)


Era 1925, tenía 17 años cuando llegué a Cuba. Eran las tres de la tarde. En España la vida era dura, yo estaba aburrido de la injusticia, trabajaba día y noche de dulcero y comía poco y mal, y no veía razón de que a mí se me explotara.
Tenía un tío que era un hombre muy malo que a mi padre le dijo: "No seas bobo, que se espabile, mándalo a Cuba y pa'l carajo"; mis padres me botaron. Desde el primer día trabajé de dulcero, trabajaba 20 horas y descansaba cuatro. Mis padres y hermanos nunca tuvieron interés en que yo volviera. Y aquí sigo esperando para morir y que me entierren en el panteón de los catalanes.
En Cuba nunca lo pasé mal. Me hice un futuro y creé una familia que me quiere. Estoy muy agradecido, porque todo lo bueno me lo dieron aquí, en Cuba. Yo siempre viví entre cubanos, pero aunque sea cubano por las circunstancias, me sigo sintiendo español, y lo que más me gusta del mundo es mi pueblo donde yo nací, Arenys de Mar.

Referencias:LR

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