Sopa de cáscara de plátano. Un grasiento y amarillento sebo de res sin sabor como acompañamiento. Un potaje "de jirafa," así nombrado porque "se te estira el cuello de tanto buscar a ver qué tiene dentro." Ojos, orejas y otras partes no identificables servidas como el plato principal.
La comida, conocida como patipanza, es uno de los platos típicos que se sirven en las cárceles cubanas, según los presos políticos liberados y expatriados a la capital española bajo un acuerdo negociado por la Iglesia Católica y el gobierno español.
"No se molestaban ni en sacarle los pelos y tenía tremenda peste'', declaró Mijail Bárzaga, de 43 años, quien pasó siete años en las cárceles cubanas.
En El Pitirre, una prisión de La Habana donde pasó dos años, la comida era más aceptable que en otras, relató Bárzaga, pero las porciones de arroz, picadillo aguado y chícharos se iban haciendo cada vez más pequeñas.
"Los guardias nos robaban lo que nos tocaba a nosotros, se lo robaban a la Dirección de Prisiones para darle de comer a sus familias y para venderlo en el mercado negro," dijo Bárzaga. "Robarle a un ser humano en prisión, donde no puede hacer nada, eso es denigrante, el punto bajo de la humanidad."
Frecuentemente había suciedad en el fondo de las cazuelas.
En otras ocasiones encontraron gusanos y otros bichos en la comida.


