
Por estos días se lleva a cabo una campaña por ciertos sectores de la sociedad venezolana para denunciar la posibilidad de que el Gobierno esté tramando, por medio de un proyecto de reforma de la Ley Orgánica de Educción, asumir la patria potestad de los niños mayores de tres años.
El ministro de Educación Venezolano, Héctor Navarro, ha denunciado que esta campaña no tiene otro objetivo que "desestabilizar" al Gobierno, y ha dejado en claro que quienes difundan la campaña podrán ser objeto de sanciones penales. El Ministro ha hecho referencia a una situación similar que se llevó a cabo en Cuba en la década de 1960, denominada "Operación Peter Pan", cuando miles de padres enviaron a Estados Unidos a sus hijos ante el temor de que la revolución castrista les retirara la patria potestad de sus hijos, lo cual resultó falso.
¿Falso?
En Cuba, a saber:
Los niños, desde que ingresan en el preescolar, a los cinco años de edad, tienen que repetir en la Actividad Matutina diaria la frase "Seremos cono el Che", ningún padre, aunque deseara que su hijo fuera como el mismo, como su padre, o como Miguel de Cervantes digamos, tiene Potestad para variar esta especie de juramento impuesto por el régimen. A lo largo de sus estudios primarios, los niños deben asumir este juramento en todo tipo de actividad patriótica a la que asistan -siempre bajo coerción-, si bien ya más grandecitos tomen una lancha para intentar llegar a la tierra que más odiara el Che.
Desde la edad dicha, los niños deben ingresar en la Unión de Pioneros de Cuba, cuyo lema es "Pioneros por el Comunismo", sin que los padres tengan Potestad para variar las circunstancias; y aquel progenitor que intentara, que sólo intentara, que su hijo no ingresara en la "Unión", corre tanto riesgo, junto con su hijo, como quien navega sobre una tabla en un mar encrespado. Tampoco tienen Potestad los padres para exigir que los niños no usen la pañoleta roja, símbolo del comunismo, que forma parte del uniforme escolar.
A lo largo de su permanencia en la escuela primaria, los niños deben asistir a innumerables actividades políticas de adoctrinamiento, establecidas en los programas de estudio. Les guste o no a los niños, tienen que asistir; les guste o no a los padres, sus hijos tienen que asistir, puesto que es obligatorio, no tienen ellos, los padres,
Potestad para negarse; y si lo hicieran en alguna oportunidad o en alguna medida, el expediente académico de sus hijos quedará "manchado" desde la infancia. Aunque no crean, y en muchos casos aborrezcan lo que se dice y hace en las actividades "políticas" antes aludidas, la asistencia es decisiva para el desarrollo posterior de los estudiantes. Es decir, desde chicos, empiezan a incubar la doble moral.
A los doce años de edad, cuando ingresan en la Escuela Secundaria Básica, los niños deben cumplir, una vez al año, con el internamiento en la llamada Escuela al Campo durante 45 días. Estas escuelas, que no son escuelas puesto que no se imparten clases, tienen la finalidad de que los alumnos trabajen durante el lapso referido en actividades agrícolas, en parajes apartados, conviviendo, niños y niñas, en barracas que a veces no cumplen las más elementales normas de privacidad y no cuentan con los elementos necesarios para la vida cotidiana. Los padres pueden visitarlos los domingos para llevarles algún suministro; estas visitas las realizan como puedan, quiero decir, en el transporte que puedan encontrar para remontarse a los sitios apartados donde se encuentran sus hijos; a veces, en dependencia del lugar al que deban trasladarse en un país donde el transporte es proverbialmente escaso, el intento de viaje es fallido.
Los padres no tienen Potestad para variar esta situación. Es una ley del Gobierno.
A los 15 años de edad, si quieren cursar de manera regular el preuniversitario, los niños tienen que confinarse en el Preuniversitario en el Campo, no hay otra opción. Como lo dice su nombre, estas instalaciones se hallan alejadas de las ciudades, no pocas carentes de las condiciones materiales mínimas para resistir tres años de brega, delimitadas por cercas de alambres y bajo un régimen cuasi militar. Los padres pueden visitarlos una vez a la semana y llevarles "refuerzos". Los alumnos, en dependencia de la lejanía que exista entre su Pre y su casa, reciben "pase" semanalmente desde el viernes por la noche hasta el domingo por la tarde, o cada dos viernes. En la mañana, los alumnos reciben las clases, en la tarde deben laborar en los sembradíos y cumplir la norma de trabajo establecida.
En plena adolescencia, de los 15 a los 18 años de edad, cuando sin duda más cerca deben estar los padres de sus hijos, cuando los valores formativos de la familia son más decisivos que nunca para éstos, quedan separados. Varones y hembras en una promiscuidad impuesta, justamente en las edades en que varones y hembras guardarían más distancia en caso de que estuvieran en la "calle" llevando a cabo una vida normal. Lógicamente, enjaulados en sitios así y sin otra cosa que hacer que las antes mencionadas, en la edad en que los instintos carnales afloran con suma fuerza, pues no nos sorprenden las lamentables anécdotas que de vez en cuando llegan desde uno u otro de estos Preuniversitarios en el Campo.
Los padres no tienen Potestad para cambiar ninguna de estas leyes del gobierno "revolucionario" que, leyes al fin y al cabo, son aplicadas, como Potestad verdadera, directamente sobre las vidas de sus hijos.
¿Y entonces?
El ministro de Educación Venezolano, Héctor Navarro, ha denunciado que esta campaña no tiene otro objetivo que "desestabilizar" al Gobierno, y ha dejado en claro que quienes difundan la campaña podrán ser objeto de sanciones penales. El Ministro ha hecho referencia a una situación similar que se llevó a cabo en Cuba en la década de 1960, denominada "Operación Peter Pan", cuando miles de padres enviaron a Estados Unidos a sus hijos ante el temor de que la revolución castrista les retirara la patria potestad de sus hijos, lo cual resultó falso.
¿Falso?
En Cuba, a saber:
Los niños, desde que ingresan en el preescolar, a los cinco años de edad, tienen que repetir en la Actividad Matutina diaria la frase "Seremos cono el Che", ningún padre, aunque deseara que su hijo fuera como el mismo, como su padre, o como Miguel de Cervantes digamos, tiene Potestad para variar esta especie de juramento impuesto por el régimen. A lo largo de sus estudios primarios, los niños deben asumir este juramento en todo tipo de actividad patriótica a la que asistan -siempre bajo coerción-, si bien ya más grandecitos tomen una lancha para intentar llegar a la tierra que más odiara el Che.
Desde la edad dicha, los niños deben ingresar en la Unión de Pioneros de Cuba, cuyo lema es "Pioneros por el Comunismo", sin que los padres tengan Potestad para variar las circunstancias; y aquel progenitor que intentara, que sólo intentara, que su hijo no ingresara en la "Unión", corre tanto riesgo, junto con su hijo, como quien navega sobre una tabla en un mar encrespado. Tampoco tienen Potestad los padres para exigir que los niños no usen la pañoleta roja, símbolo del comunismo, que forma parte del uniforme escolar.
A lo largo de su permanencia en la escuela primaria, los niños deben asistir a innumerables actividades políticas de adoctrinamiento, establecidas en los programas de estudio. Les guste o no a los niños, tienen que asistir; les guste o no a los padres, sus hijos tienen que asistir, puesto que es obligatorio, no tienen ellos, los padres,
Potestad para negarse; y si lo hicieran en alguna oportunidad o en alguna medida, el expediente académico de sus hijos quedará "manchado" desde la infancia. Aunque no crean, y en muchos casos aborrezcan lo que se dice y hace en las actividades "políticas" antes aludidas, la asistencia es decisiva para el desarrollo posterior de los estudiantes. Es decir, desde chicos, empiezan a incubar la doble moral.
A los doce años de edad, cuando ingresan en la Escuela Secundaria Básica, los niños deben cumplir, una vez al año, con el internamiento en la llamada Escuela al Campo durante 45 días. Estas escuelas, que no son escuelas puesto que no se imparten clases, tienen la finalidad de que los alumnos trabajen durante el lapso referido en actividades agrícolas, en parajes apartados, conviviendo, niños y niñas, en barracas que a veces no cumplen las más elementales normas de privacidad y no cuentan con los elementos necesarios para la vida cotidiana. Los padres pueden visitarlos los domingos para llevarles algún suministro; estas visitas las realizan como puedan, quiero decir, en el transporte que puedan encontrar para remontarse a los sitios apartados donde se encuentran sus hijos; a veces, en dependencia del lugar al que deban trasladarse en un país donde el transporte es proverbialmente escaso, el intento de viaje es fallido.
Los padres no tienen Potestad para variar esta situación. Es una ley del Gobierno.
A los 15 años de edad, si quieren cursar de manera regular el preuniversitario, los niños tienen que confinarse en el Preuniversitario en el Campo, no hay otra opción. Como lo dice su nombre, estas instalaciones se hallan alejadas de las ciudades, no pocas carentes de las condiciones materiales mínimas para resistir tres años de brega, delimitadas por cercas de alambres y bajo un régimen cuasi militar. Los padres pueden visitarlos una vez a la semana y llevarles "refuerzos". Los alumnos, en dependencia de la lejanía que exista entre su Pre y su casa, reciben "pase" semanalmente desde el viernes por la noche hasta el domingo por la tarde, o cada dos viernes. En la mañana, los alumnos reciben las clases, en la tarde deben laborar en los sembradíos y cumplir la norma de trabajo establecida.
En plena adolescencia, de los 15 a los 18 años de edad, cuando sin duda más cerca deben estar los padres de sus hijos, cuando los valores formativos de la familia son más decisivos que nunca para éstos, quedan separados. Varones y hembras en una promiscuidad impuesta, justamente en las edades en que varones y hembras guardarían más distancia en caso de que estuvieran en la "calle" llevando a cabo una vida normal. Lógicamente, enjaulados en sitios así y sin otra cosa que hacer que las antes mencionadas, en la edad en que los instintos carnales afloran con suma fuerza, pues no nos sorprenden las lamentables anécdotas que de vez en cuando llegan desde uno u otro de estos Preuniversitarios en el Campo.
Los padres no tienen Potestad para cambiar ninguna de estas leyes del gobierno "revolucionario" que, leyes al fin y al cabo, son aplicadas, como Potestad verdadera, directamente sobre las vidas de sus hijos.
¿Y entonces?
Félix Luis Viera *
Columnista
México
La Nueva Cuba
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